El Teide tiene la costumbre de aparecer cuando no lo buscas: al fondo de una carretera del sur, entre nubes, reflejado en el cristal de la terraza. Esta nota recoge cómo lo vivimos nosotros, a nuestro ritmo.
La primera visita se hace bien de mañana: Las Cañadas cambia de carácter según la hora, y las primeras luces sobre los Roques de García justifican el madrugón. Consulta siempre el estado de accesos, senderos y meteorología antes de salir.
Con un día entero, el plan se abre hacia el norte: Masca, los acantilados de Los Gigantes o las piscinas naturales de Garachico. Con una semana, la isla se ordena sola: un día de volcán, un día de mar, un día sin plan.
La montaña también se mira de noche. Desde Las Cañadas, las estrellas forman parte del paisaje tanto como el propio pico; lleva abrigo, incluso en verano.
Como siempre en esta guía: considera estas notas una inspiración, no un itinerario obligatorio. Tenerife también se disfruta sin prisa.

